• ‘Todos los cuerpos bailan: viaje por la Danza Contact Improvisación’, publicado en julio de 2022, es uno de los pocos libros escritos en español que abordan de forma extensa los aspectos centrales de esta práctica maravillosa y adictiva. La mayoría de las obras que existen son traducciones de obras publicadas originariamente en inglés o francés.

    Una de sus señas de identidad que más valoran las más de 500 personas que lo han adquirido y leído es el punto de vista desde el que se habla. ‘Todos los cuerpos bailan’ narra desde la experiencia de un apasionado del contact el proceso de aprendizaje: los principios básicos que lo sustentan, sus orígenes, qué es una jam, la importancia del tacto, los aprendizajes que conlleva su práctica, etc.

    Se trata de una obra escrita en un lenguaje accesible que se dirige a quienes están empezando a bailar CI, pero también que aporta nuevas reflexiones y enseñanzas para quienes ya llevan años practicándolo. Yo soy periodista de profesión y estoy desde hace 30 años enamorado de la danza. En este libro, que ha supuesto un trabajo de investigación, entrevistas y lecturas que ha durado tres años, hablo del CI desde la desde la curiosidad y el respeto por una danza que es mucho más que una danza.

    ‘Todos los cuerpos bailan’ ya está disponible en Amazon.

    Muchas gracias por tu interés en conocer la Danza Contact Improvisación.

  • Cuando trato de explicar qué es lo que convierte al contact en una práctica adictiva me surgen una lista larga de motivos. No sé si a ti te pasa la mismo.

    Lo primero que me atrapó de esta deliciosa experiencia, tras descubrirla por azar, fue la posibilidad de empezar a practicarla en el minuto uno sin conocer las reglas. Podía sumergirme en una jam sin haber asistido a formaciones previas y sin sentir un particular miedo a hacer el ridículo. Este último temor, tan extendido en una sociedad enferma de juicio, me ayudó a soltarme, poco a poco, jam a jam, y a atreverme iniciar dinámicas de danza y juego de contacto corporal incluso con aquellas personas que percibía como más experimentadas. En resumen, del Contact Improvisación me atrajo la libertad que sentía al bailarlo.

    También me fascinó la invitación a escuchar mi cuerpo y a otros cuerpos para entrar en dinámicas de contacto piel a piel, músculo a músculo, hueso a hueso. Al menos para mí, este fue un descubrimiento precioso. Además, para hacerlo, no necesitaba contar con una destreza física especial. Cuando empecé a bailar contact rozaba la cincuentena y aunque llevaba más de 20 años bailando, nunca me distinguí por tener un cuerpo flexible o especialmente dotado para la danza. Segundo elemento a su favor: la accesibilidad. O, dicho de otro modo, en el contact ‘Todos los cuerpos bailan’.

    Otra cuestión que me interesó fue la posibilidad de abrirme a la improvisación. No creo que me equivoque mucho si afirmo que en la sociedad en la que vivimos hay una obsesión por el control y la planificación. Quizás en esta tendencia generalizada influya el uso masivo de las aplicaciones y de las herramientas online. Nos cuesta enfrentarnos con situaciones en las que estamos expuestas/os a perder el control. Esta barrera se derriba entregándose al arte de no-saber, de aceptar lo que venga como lo mejor que puede suceder.

    La improvisación, también en la danza, se nos muestra como una puerta abierta a transitar por situaciones desconocidas, inesperadas que se escapan al control de la cabeza, de la razón. Siendo, además, la Danza Contact Improvisación una disciplina en la que prima la escucha, la seguridad física y el respeto a los límites que quiera marcar cada persona que lo practica, entregarse a la improvisación en el movimiento lo siento como un regalo, como una oportunidad llena de atractivos. No hay peligros a la vista, pero sí experiencias nuevas y en su mayor parte retadoras en todos los sentidos. Una maravilla.

    Y podría seguir con otros muchos argumentos. Pero, para no cansarte, te recomiendo que leas mi libro ‘Todos los cuerpos bailan: viaje por la Danza Contact Improvisación’. Allí encontrarás relatada las experiencias de alguien que lleva casi 15 años bailando Contact Improvisación y espera seguir haciéndolo durante mucho tiempo más. Este libro, en su versión de papel, está disponible en Amazon a un precio de 16€.

    Foto: Alain Elorza.

  • Nadie que no haya pisado alguna vez una jam de Contact Improvisación se atrevería a afirmar como lo hago yo en el libro que escribí, que “Todos los cuerpos bailan”. Mucho más cuando nos han enseñado desde que éramos pequeños que la danza es una experiencia corporal que exige de capacidad, conocimientos, reglas y excelencia.

    La primera vez que me acerqué al contact me sorprendió la apertura y ausencia de requisitos previos para empezar a bailar. No pasaba como en la danza contemporánea, los bailes latinos o, por citar el extremo del “apartheid corporal”, la danza clásica.

    Para quienes, como yo, nos hemos aventurado a experimentar por primera vez y sin referencias previas ese territorio maravilloso que conocemos como jam de CI, choca poder iniciarte, de un modo fácil e instantáneo, sin haber recibido ni una sola clase, sin que nadie te enseñe qué es lo que hay que hacer o lo que no. Simplemente, un mero ejercicio de observación y escucha te abre las puertas para investigar qué es eso de moverte por un espacio bailable junto a otros cuerpos entregándote al contacto de piel-músculos-estructura ósea, desde el intercambio del peso, jugando con la ley de la gravedad.

    Hay seres más abiertos a integrar la dimensión cuerpo-movimiento y conectarla con la mente. En esta categorización no importa que se pese mucho o poco, la altura, la flexibilidad o rigidez, la agilidad o la torpeza. Para algunos seres que podemos calificar de “kinestésicos”, el movimiento surge espontáneamente y se desarrolla entre los límites de la propia danza. Por el contrario, hay personas atléticas, flexibles y enérgicas que no sienten la llamada del movimiento danzado.

    No obstante, en ellas como en el resto, bailar no se muestra como una práctica limitada por unas condiciones físicas sino por la voluntad de hacerlo. Y es aquí donde el Contact Improvisación se muestra como una experiencia abierta a cualquier persona que quiera demostrar mi tesis en la que afirmo que “Todos los cuerpos bailan”.

    Para la maestra Cristiane Boullosa “Todas las personas tenemos una tendencia kinestésica que nos lleva al movimiento. Es decir, todas nacemos con la capacidad de transformar nuestro movimiento en arte. Y este hecho es independiente de si queremos ser artistas o no. Que se haga presente y visible esta potencialidad y se transforme en danza, depende en gran medida de la persona que la esté facilitando. Conseguirlo, se ha convertido en uno de los objetivos de mi trayectoria como enseñante”, explica Cristiane.

    * Este texto se inspira en el libro  ‘Todos los cuerpos bailan: Viaje por la Danza Contact Improvisación’.

    Si quieres leer lo que dice, puedes encontrarlo aquí:

  • La práctica de la Danza Contact Improvisación nace, en 1972, con una aspiración igualitaria; podríamos decir que casi «revolucionaria«. La propuesta de gente como Steve Paxton, Nancy Stark Smith o Karen Nelson, sorprende por su intención de acabar con los privilegios y jerarquías que definen a otras disciplinas como la danza clásica o la danza moderna. Ambas exigen pasar por formaciones en Conservatorios o Escuelas donde la maestra o el maestro es quien enseña desde una visión académica y elitistas.

    Si tuviéramos que destacar uno de los principios del contact que más sorprenden, quizás sería el que destaca la defensa de la horizontalidad. «En esta danza no existe ‘bien’ o ‘mal’ a la hora de calificar a una persona bailando», recordaba Cristiane Boullosa, una de las grandes pedagogas del Contact Improvisación en España. Y añadía: «Para mí, el mejor bailarín o bailarina de CI es quien tiene más disposición a compartir con cualquier cuerpo, con cualquier persona».

    Vale la pena recordar que otra de las señas de identidad del CI reside en la abolición de la «excelencia». Esta tesis se ve reforzada por el hecho de que no hay exhibiciones de Contact Improvisación. Desde su origen, esta disciplina se autoexcluyó de los escenarios.

    Y sin embargo, para quienes se inician en esta práctica, en demasiadas ocasiones les asaltan dudas e inseguridades cuando se animan a participar en una jam. Recuerdo a un compañero que tras participar en algunas jams, y tras leer mi libro, ponía en duda que el principio de horizontalidad se practicara.

    Hay bailarines o bailarinas que ya llevan tiempo practicando CI y que optan
    por eludir la posibilidad de compartir la danza con principiantes. Actitudes como estas se enfrentan a principios originarios de la DCI como son los de horizontalidad y ausencia de jerarquías. Estos principios, ya lo decíamos antes, se traducen en frases como: “nadie baila mejor que nadie” o “tu mejor danza puede darse con un cuerpo que jamás haya bailado contact previamente”.

    * Este texto se relaciona con otros publicados en el libro ‘Todos los cuerpos bailan: Viaje por la Danza Contact Improvisación’.

    Si te interesa leerlo, puedes conseguirlo a través del enlace que está más abajo.

  • La comunidad contactera tiene la tendencia a idealizar lo que sucede en una jam. Fantaseamos a menudo con lo que sucede en ese espacio en el que el tiempo se transforma para adquirir un sentido más elástico y en ocasiones irreal; ese lugar donde las personas acuden desnudas de palabras para comunicarse a través de su cuerpo, de su piel, de sus miedos. Porque este abandono voluntario de la capacidad de hablar encuentra en la escucha del cuerpo un nuevo foco de atención. Además, allí se da una circunstancia que aumenta el interés y la novedad que adquiere esta disciplina si se la compara con otras similares de danza.

    En una jam comenzamos a bailar sin que existan presentaciones previas. Los cuerpos hablan por sí solos y me toca recurrir a la percepción sensorial y a la comunicación no verbal como canales de interlocución en la búsqueda de información, emociones y respuestas. Este código primario, a menudo conectado con nuestro origen animal, resulta desconocido para la mayoría. Muchas veces he mantenido una danza larga e intensa con una pareja de la que apenas tenía información o referencias. Sueles bailar con gente de quien no sabes ni su nombre, su nacionalidad e incluso el idioma en el que habla. En ese lapso de tiempo que hemos compartido han sido los cuerpos los que se han expresado en su propia lengua. Y lo más sorprendente es que mientras mantenemos esa danza común conoces a tu compañero o compañera mucho mejor que si hubieras pasado días conversando y compartiendo experiencias y confidencias.

    El CI te demuestra la potencialidad que albergamos en nuestro interior para generar sintonía o desencuentro en un acto tan sencillo como el de moverse en contacto con la piel, con los músculos, con los huesos. No me canso de observar con curiosidad en cada jam el mecanismo, que a veces podría calificarse de ‘mágico’, que me permite conectar corporalmente, de un modo rápido y sencillo, con personas a las que no conozco en profundidad o a quienes no me unen lazos de amistad o cercanía. En este tête à tête íntimo, de poco o de nada sirve la impostura o el personaje que trate de proyectar. Allí siento que penetramos en una zona de relación donde la expresión ‘el cuerpo no miente’ se muestra más real y sincera.

    Una vez finalizada la danza, entre quienes hemos disfrutado de la jam surge frecuentemente una necesidad urgente de traducir la experiencia vivida a palabras. Tal vez porque, cuando el silencio que prima durante la sesión toca a su fin, urge establecer un intercambio de pareceres con el que interpretar y entender lo sentido, lo experimentado. Y no es habitual.

    En contadas ocasiones, al final de las jams a las que he asistido se abren momentos para la puesta en común. A este instante se le conoce como el ‘círculo de cierre’. Ahondar sobre ciertos aspectos de la praxis que te han impactado se convierte en una magnífica excusa para entablar conversación. Esta realidad conecta con el modo en que, en los primeros tiempos del contact, había hambre por compartir y contrastar los avances logrados. Recuerdo la grave e inconfundible voz de Steve Paxton, en videos grabados en los setenta y ochenta, relatando sus reflexiones y hallazgos. Aquel testimonio originario queda como un vestigio de un pasado ya olvidado por la mayoría de la comunidad CI.

    Si quieres profundizar en esta práctica, te recomiendo que leas el libro ‘Todos los cuerpos bailan: viaje por la Danza Contact Improvisación’.

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  • El debate sobre la conveniencia o no profundizar en el contact a través de la enseñanza de sus principios ha sido, desde su nacimiento en 1972, una de las cuestiones que han generado polémica dentro de la comunidad de Contact Improvisación que frecuentan las jams.

    “Mi tarea como facilitadora no es ofrecer fórmulas o soluciones. Tampoco es ponerme en el lugar del que aporta el conocimiento. Se trata nada menos que de un intento de compartir y aprender sobre nosotros mismos mientras experimentamos un diálogo directo con el mundo; de ser afectados, de nutrirnos, de ensancharnos y de convertirnos en otro”.

    Esta declaración de intenciones, suscrita en 2018 por Daniela Schwartz en un artículo publicado en Contact Quaterly, ilustra un modo habitual de referirse a la enseñanza y el aprendizaje dentro de la comunidad contactera. Daniela es una reconocida profesora de CI y forma parte del equipo que organiza desde hace décadas el Festival de Freiburg (Alemania.

    Sin embargo, hay otros modos de entender la enseñanza de la Danza Contact Improvisación. Cristiane Boullosa se ha convertido, desde hace más de tres décadas,  en una referencia ineludible en España cuando se habla de formación sobre Contact Improvisación. Ella es la fundadora, junto a Diana Bonilla, de la primera formación reglada sobre CI que se conoce en nuestro país y una de las pocas existentes en todo el mundo. Ambas han desarrollado un programa teórico-práctico de iniciación a la DCI, que tiene una duración de dos años y que ya han cursado cientos de practicantes de CI desde su lanzamiento en 2013.

     Al recalar en España, en los 90, procedente de su Brasil natal, Boullosa sostuvo sin medias tintas su punto de vista sobre la controversia que despertaba hablar de pedagogía en relación con el Contact Improvisación: “No entiendo la polémica que se sigue dando en algunos círculos cuando se defiende que nadie puede enseñar CI, que va en contra de los ‘principios fundacionales’. Esta afirmación tiene su sentido. Cuando nace en Ohio, en el invierno de 1972, el Contacto Impro genera una corriente entre quienes rechazan que esta práctica sea enseñable.

    Pero, como suele suceder en la vida, la realidad modifica los planteamientos teóricos. Los talleres que se imparten en el marco de los festivales de contact son, en realidad, clases de formación. La realidad vuelve a ser tozuda. Así, para quienes se acercan a bailar CI, igual que pasa con otras disciplinas, se les plantea la necesidad de profundizar en esta práctica. Y eso puedes hacerlo yendo a clases o experimentando con una amiga o un amigo que ya lo baile. En cualquier caso, Boullosa defiende que el proceso de acercamiento a la práctica debe producirse desde la curiosidad y la investigación personal, más que desde la repetición de pautas: “Quienes terminan nuestra formación en CI confiesan que salen con más preguntas que certezas. Y eso es justo lo que queríamos lograr desde un principio: generar capacidad crítica y curiosidad”.

    Acabas de leer uno de los textos contenidos en ‘Todos los cuerpos bailan: viaje por la Danza Contact Improvisación”, el primer libro escrito originariamente en español que se basa en mi experiencia como practicante de esta deliciosa práctica. Si quieres leerlo en su totalidad, ya puedes adquirirlo en Amazon.

  • En mi opinión, el Contact Improvisación (CI) no es una moda, ni una simple danza social. Surge en un contexto histórico —finales de los años sesenta, con la aparición de la danza postmoderna— marcado por profundas transformaciones culturales, sociales y políticas. Desde el principio se vincula a otros movimientos artísticos y filosóficos, como una respuesta crítica a la hegemonía del mercado, el capitalismo y el individualismo. Desde su aparición, el CI ha propuesto una forma de relación corporal y social que colisiona con las normas dominantes: promueve la cooperación, la escucha, la igualdad y la interdependencia frente a la competencia, la adoración al ego y el consumo sin conciencia. Por ello puede considerarse una práctica genuinamente antisistema.

    Karen Nelson, una de las pioneras del movimiento, describía el CI como una “revolución corporal” que conecta con las fuerzas de la tierra y el tacto perdido. “La gente que practica CI es revolucionaria. Nos entrenamos en el arte de tocar el suelo y unirnos con las fuerzas de la Tierra. Sentimos nuestros cuerpos. Tocamos a los demás. Movemos nuestras masas, alimentamos a los desposeídos del tacto, a los hambrientos de confianza, a los adictos al momento presente, a los que confunden el amor, el sexo y el tacto”, afirmaba Nelson en un artículo publicado en 1996.

    Sin embargo, con el paso del tiempo algunas voces han acusado al CI de haberse “aburguesado”, de haberse convertido en una versión suavizada y comercial de lo que fue en origen. Según estas críticas, la práctica se habría despojado de su espíritu subversivo inicial para adaptarse a las lógicas del mercado, presentándose como una experiencia sensorial atractiva pero despolitizada. Aun así, quienes mantienen vivo su espíritu original lo siguen entendiendo como un acto de libertad, una forma de cuestionar jerarquías y de abrir un espacio para lo común para compartir y compartirse.

    Los orígenes del CI se sitúan en la revolución cultural de los años 60 en Estados Unidos, cuando artistas como Steve Paxton, junto a Yvonne Rainer y Deborah Hay en la Judson Dance Theatre, buscaban liberar la danza de las formas impuestas por los coreógrafos y las instituciones. Para Paxton, improvisar era una forma de crear desde el presente, sin sometimiento a estructuras jerárquicas. Así, el CI se convierte en una práctica emancipadora, que reivindica la espontaneidad, la experiencia compartida y la libertad frente a la disciplina y el espectáculo.

    Ciudadanía bailada

    En el Contact Improvisación no existen criterios de exclusión. Cualquier persona puede practicarlo, sin importar edad, experiencia previa o nivel técnico. Las jams y clases se conciben como espacios abiertos y democráticos donde todos los cuerpos son aceptados. Este principio rompe con la lógica del espectáculo y la selección estética que rige en otras formas de danza. Lo importante no es la destreza, sino la presencia, la conexión y la atención compartida. La práctica se basa en valores como el respeto, la seguridad colectiva, la responsabilidad individual y la igualdad.

    A través del contact se propone la ‘interdependencia’, que alude a la responsabilidad individual y que permite respetar tus propios deseos y compaginarlos con los de tu pareja de baile. Ante la moda de la excelencia y del ‘tú vales y tú no vales’, donde priman criterios selectivos y sesgos ligados a la juventud, la fuerza o la belleza estética, el CI opta por una relación democrática que acaba con la jerarquía de quienes bailan bonito o creen tener un cuerpo 10.

    Practicar contact implica aceptar la incertidumbre y el cambio. Improvisar es enfrentarse continuamente a lo desconocido, y esa disposición genera personas más autónomas y menos manipulables. Frente a una sociedad acelerada, que glorifica la productividad y convierte el tiempo en mercancía, el CI propone ralentizar. Escuchar el cuerpo, detenerse y atender los micromovimientos son formas de resistencia frente a la prisa y la saturación de estímulos. En lugar de producir, esta práctica invita a sentir y observar, reivindicando la lentitud como espacio de aprendizaje y conciencia plena.

    Este es un fragmento del libro Todos los cuerpos bailan: viaje por la Danza Contact Improvisación‘. Si quieres leerlo en su totalidad, puedes adquirirlo en Amazon o ponerte en contacto conmigo en el mail: jlcorretje@gmail.com

  • “Cada vez que toco, soy tocado/a”. Esta máxima de la Danza Contact Improvisación alude a una nueva forma de entender la relación con el contacto que establecen dos cuerpos desde el instante en que se rozan. Cuando mi piel toca otra piel, o cuando entra en relación con el suelo, la pared o cualquier otro objeto con el que interactúe, someto a mi cuerpo a una experiencia sensorial directa que se
    resume en dar y recibir.

    La DCI abre nuevos caminos en la consciencia. En el instante en que bailo con alguien se genera una experiencia compartida que circula en dos direcciones.
    Incluso cuando los cuerpos no se mueven, cuando ninguno toma la iniciativa de abandonar la quietud, si afino la escucha corporal podré sentir un diálogo profundo y delicado, tanto en el interior de mi cuerpo como en el de mi pareja.

    Los seres humanos nacemos con la necesidad de tocar y ser tocados. Quizás, porque habitamos una estructura de tejidos y órganos envuelta en dos metros cuadrados de una malla a la que llamamos piel, que pesa cuatro kilogramos
    y que dispone de cinco millones de terminaciones nerviosas.

    Somos cuerpos sensibles abiertos a un mundo de relaciones, latentes o presentes, que trascienden las fronteras marcadas por el campo de visión de nuestros ojos o
    de los otros sentidos. Sucede desde que somos bebés hasta el final de nuestra vida. Pero de lo que se habla menos es de los beneficios del llamado ‘tacto suave’.

    La lista es larga: libera oxitocina, hormona conectada a nuestro comportamiento
    social; aumenta los niveles de dopamina, uno de los sistemas de recompensa del cerebro; y provoca segregación de serotonina, la hormona de la felicidad y el bienestar. El efecto benefactor y automático de esta fiesta hormonal es
    una reducción significativa del estrés y la bajada del ritmo cardíaco.

    Una de las grandes novedades que aporta la Danza Contact Improvisación en este terreno es la propuesta de abandonar la intención al tocar. Esta premisa facilita desconectar la experiencia respecto a estímulos sensuales o sexuales, cuando la danza te conduce a entrar en contacto con zonas erógenas de tu pareja. De hecho, se propone que la mano pierda su rol controlador a través del agarre y que los órganos sexuales y las zonas erógenas se transformen en una parte más de la piel expuesta al contacto y al intercambio de peso en movimiento.

    Desechar la voluntad, desobedecer a la mente o escapar de lo que te gustaría hacer son propuestas que hace la DCI para guiar el modo en el que te mueves solo o en pareja, relacionándote con el contacto. Otra aportación reseñable de esta práctica consiste en el modo en que anima a lograr una experiencia sensorial del tacto que supere un contacto centrado en las manos y que esté focalizada en la
    yema de los dedos.

    El contact saca partido de las inmensas posibilidades de la piel, nuestro órgano más extendido y presente a lo largo y ancho de nuestro cuerpo. Aunque también es cierto que puedo escuchar a los otros cuerpos a través de mis músculos, de los otros órganos, de mis huesos.

    Así lo hago en la danza cuando experimento tres niveles de contacto: el más superficial -piel-; un poco más profundo -músculos y tendones-; y, al fin, la cota más profunda: la estructura ósea. Y lo hacemos con las manos y con el resto
    de nuestro cuerpo, sintiendo la masa de la pareja y dándole nuestro peso.

    En este punto vale la pena poner la mirada en la fascia, un sistema conectivo que envuelve músculos, órganos, nervios, vasos sanguíneos y huesos. Hablamos de un complejo circuito de coordinación sensorial que garantiza el reparto del esfuerzo muscular facilitando la ligereza de movimientos. Esta red extensa y tridimensional de fibras de colágeno que acoge el cuerpo de forma global tiene una importancia
    crucial en la tarea de brindar protección y absorber los impactos, ya que permite soportar fuerzas de tracción en cualquier dirección. Bailar desde la atención a este complejo sistema, sabiendo que está conectado, me ayuda a ser más consciente de las posibilidades de movimiento coordinado y de bajo consumo energético que puedo alcanzar desde una escucha profunda de mi cuerpo.

    Steve Paxton dijo en 1972: “La piel es la mejor fuente de imágenes porque trabaja en todas las direcciones a la vez. Si pudiéramos cortar cualquier contacto con la piel, lo notaríamos mucho más. Pero la piel funciona, sobre todo, de forma mecánica. La conciencia se alerta si la superficie del cuerpo recibe una estimulación inusual, pero la mayoría de las veces no se nota el roce de la ropa o el peso sobre una silla. Al danzar en contacto, sin embargo, me siento suspendido en mi piel. Y dependo de ella para que me proteja, para que me avise, para que me dé la información a la que respondo”, decía el maestro.

    El Contact Improvisación revela la existencia de un ‘cuerpo sensible’, tal y como lo define Isabelle Uski. El paisaje habitable se multiplica exponencialmente porque hallo la vía para explorar nuevas posibilidades de sentir y hacer sentir en el contacto corporal con mi pareja de danza. El tacto también me conecta con la identidad, el deseo, el vínculo, la fragilidad, el apego y la pérdida.

    Te invito a que leas ‘Todos los cuerpos bailan: viaje por la Danza Contact Improvisación. Este texto es un fragmento de esta obra, la primera escrita originariamente en español que se refiere a la experiencia de un practicante de CI.

  • El Contact Improvisación (CI) a mí me regala: seguridad, placer, bienestar, levedad y hasta puede provocar una sensación de acogida grupal. Además, tiene la capacidad de despertar, sobre todo al principio, emociones desagradables como miedo, inseguridad, dudas, incomodidad o desprotección.

    En las primeras jams a las que asistí se mezclaban a toda velocidad experiencias muy placenteras junto a otras que me confundían. ¿Me pasa esto solo a mí? Yo diría que se trata de una emoción bastante compartida entre quienes practicamos contact. Buscar cierto equilibrio interior, o tratar de conectar desde la escucha con el grupo humano con el que comparto el espacio de danza, se transforma en un reto al que me enfrento cada vez que bailo.

    Entiendo que la búsqueda de esta sintonía/armonía personal -con mi mente, cuerpo y emoción-, y con la energía de los demás seres con quienes interactúo, resulta un ejercicio muy sano de conexión con el aquí y el ahora. Sin embargo, no puedo evitar, tal y como ocurre en otras situaciones de mi vida, que la comunidad o la pareja de danza me hagan de espejo. En realidad, es lo mismo que me pasa en el ‘mundo de afuera’. Hay días en los que bailo con alguien y me veo reflejado, en él o ella, a través de una percepción que en realidad es solo mía y que no siempre encaja con lo que sucede.

    La movilización del cuerpo en los términos en los que nos propone el contact me provoca a veces cierta inestabilidad emocional interior. Esta dinámica puramente física desencadena cambios de estado de ánimo a los que a menudo no encuentro explicación.

    Algunas veces, practicar CI me hace transitar de la euforia a la tristeza de forma veloz; paso de momentos en los que me siento poderoso, a otros en los que me invade la fragilidad. Y otras, viajo de la alegría a la melancolía, de la placidez a la insatisfacción sin saber por qué. Hablo de mi experiencia, pero también de la de la muchos compañeros y compañeras con los que he compartido reflexiones sobre cómo, al movilizar el cuerpo, se condicionan los estados emocionales.

    El Contact Improvisación, cada vez que lo bailas, te recibe con un puñado de regalos. Incluso aunque no los busques o desees. Este es uno de sus misterios y de sus atractivos.

    *Este texto es un fragmento de uno de los capítulos del libro ‘Todos los cuerpos bailan: viaje por la Danza Contact Improvisación’.

    Si tienes interés por conocerlo más a fondo, puedes adquirirlo en la plataforma Amazon, en este enlace.

  • La improvisación representa una nueva forma de relación con la incertidumbre, contraria al paradigma del control aprendido al nacer e impuesto por esta sociedad en la que nos ha tocado vivir. Se trata de una metáfora que plantea la necesidad de cambios profundos respecto al modo en que entiendo mi tránsito por este planeta. Y, además, se convierte desde su origen en la esencia primigenia de la Danza Contact Improvisación.

    Si buceamos en la historia de esta disciplina artística, veremos que la en la danza moderna, la improvisación tenía por objeto preparar el cuerpo y dirigirlo a otras secuencias de danza coreografiadas y, por tanto, no improvisadas. Los montajes de danza que emplean el lenguaje del Contact Improvisación (CI) tienen como referencia la composición en tiempo real.

    Cuando el cuerpo releva a la mente y toma el mando, la danza adquiere mayor vistosidad para quien la observa, porque ofreces algo tuyo y no una copia de lo visto o lo aprendido. Este es uno de los regalos del contact: permite que te expreses con voz propia y que vivas un momento irrepetible. Ni siquiera tú podrás duplicar esa misma experiencia porque tu cuerpo entonces será otro. Lo mismo sucederá con los cuerpos con los que interactúes: minutos después, ellos serán diferentes.

    Para Cristiane Boullosa, la esencia del arte de improvisar Mi método se basa “en la comprobación física de las propuestas que me planteo experimentar. Y como todo lo físico resulta efímero, una vez que se plasma, desaparece y ya no se puede registrar”. Improvisar supone en todo un reto también para quienes entienden la danza como un ejercicio mecánico de aprender técnicas, copiar formas y repetir coreografías. Para estas personas, sumergirse en la apuesta novedosa de bailar improvisando puede llegar a convertirse en una experiencia desconcertante.

    Danzar desde la improvisación implica activar sensores, siempre en estado de alerta, con los que registrar lo que sucede a tu alrededor e identificar la diversidad y la riqueza de los movimientos propios y de los demás. Pero, además, me da permiso para confiar en mi intuición permitiéndome una relación corporal, mental y emocional distinta con lo que me rodea: con el suelo, con mi pareja de danza, con el aire que me circunda.

    De este modo, así lo siento yo, el baile en el que me sumerjo gana en belleza y en plasticidad, se percibe menos impostado. Cada vez que me atrevo a integrar en mi danza las oportunidades que me regala la improvisación: relajo la tensión muscular, reduzco la previsibilidad de mis movimientos, transito por lugares menos conocidos y amplío las posibilidades de entregarme a la sorpresa, a lo inesperado.

    Cada vez que aplico en mi vida el hallazgo de improvisar, aquel que interiorizo en mi cuerpo bailando CI, descoloco el puzle inestable de mi realidad cotidiana y ‘compro papeletas’ para que sus piezas comiencen a moverse. Porque el control, la seguridad y la planificación son pautas de conducta coercitivas y limitantes que se nos imponen, desde que nacemos, en la escuela, la familia o la empresa. Aceptar el reto de contemplar la improvisación como un nuevo modo de encarar la vida me proyecta, al sacarme de mis patrones de movimiento, hacia escenarios insospechados y, por tanto, más sugerentes.

    El anuncio de cambios continuos y de gran calado a los que me aboca el tiempo presente, me anima a descubrir las ventajas de aceptar la improvisación como una alternativa a lo ya conocido o frente a lo que no me convence.

    Aprender a reaccionar con soltura frente a lo no anhelado, en mi opinión, debería convertirse en una materia obligatoria del programa académico de todo centro educativo. Si contemplo lo sucedido en estos últimos años, aquellos que nos han traído grandes transformaciones en muchos ámbitos de la realidad, no queda más remedio que asumir el hábito de improvisar como vía de adaptación a los nuevos tiempos. Y en esta actualización permanente de saberes, os aseguro que el CI se convierte en una magnífica academia donde formarse para aprender a lidiar con la incertidumbre nuestra de cada día.

    Si quieres profundizar en este u otros temas relacionados con la Danza Contact Improvisación puedes leer el libro Todos los cuerpos bailan.

  • En un mundo dominado por las prisas, la sobreinformación, la ansiedad y el ruido, detenerse a escuchar se ha convertido en un acto de resistencia activa. Escuchar mientras practico contact improvisación —con presencia, con entrega, con el cuerpo entero— emerge, hoy más que nunca, como una actitud antisistema. Igual que habitar el silencio.

    En tiempos donde el ego halla su altavoz en cada red social, y la velocidad se glorifica como virtud, prestar atención auténtica a lo que sucede, a lo que siento o a lo que pasa a mi alrededor, yo lo entiendo como un acto heroico y demodé.

    Cuando me atrevo a escuchar mi cuerpo, o a percibir lo que me dicen los cuerpos con los que interactúo en el espacio de danza, me obligo a parar y a abandonarme, esto es, a perder el control. En ese instante, abro de forma consciente una ventana a la incertidumbre, a la investigación. ¿Y, acaso, no consiste en eso improvisar bailando en contacto con otros seres?

    También me he dado cuenta de que, bailando, la escucha deja de ubicarse exclusivamente en el espacio auditivo, para alcanzar el tacto, la vista y hasta a las vísceras. La danza contact, pero también la propiocepción, nos obliga a sensar con los ojos, la piel, las manos, los músculos y la estructura ósea.

    Afirmo que escuchar se transforma, gracias a esta nueva forma de entenderla, en una cualidad abierta a lo desconocido. Quien escucha con atención se despoja de certezas, se desplaza de su centro, abandona la comodidad de lo familiar.

    Y también conmueve, en el sentido más literal del término, porque nos mueve por dentro. ¿Y qué es la danza contact improvisación sino un camino hacia la conmoción elegida?

    Escuchar de verdad exige desnudarse de prejuicios o de ideas preconcebidas, desaprender y renunciar para aceptar lo que sucede. Es cierto que requiere práctica, sensibilidad, y hasta arte. No basta con callar: hay que hacer espacio dentro de uno mismo para que el otro cuerpo exista, se exprese y hasta me interpele sacándome de mis seguridades. Como el buen amar, escuchar bien al bailar contact exige de paciencia, tacto fino y una atención precisa, casi meditativa.

    En última instancia, cuando me centro en escuchar, en medio de una jam, adopto un modo de rebeldía amable e incruenta. De algún modo, decido apagar la maquinaria del juicio automático y permitir que algo nuevo emerja en el espacio entre dos cuerpos que se atienden. Para eso, claro, hay que respirar. Respirar y confiar en que, del silencio, también, brota la danza compartida.

    Este y otros asuntos vinculados a la práctica del contact improvisación están recogidos en el libro ‘Todos los cuerpos bailan: viaje por la Danza Contact Improvisación’.
    FOTO del post: @pierrellamasphoto
    La obra en papel está disponible en Amazon a un precio de 16€.

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