Cuando trato de explicar qué es lo que convierte al contact en una práctica adictiva me surgen una lista larga de motivos. No sé si a ti te pasa la mismo.
Lo primero que me atrapó de esta deliciosa experiencia, tras descubrirla por azar, fue la posibilidad de empezar a practicarla en el minuto uno sin conocer las reglas. Podía sumergirme en una jam sin haber asistido a formaciones previas y sin sentir un particular miedo a hacer el ridículo. Este último temor, tan extendido en una sociedad enferma de juicio, me ayudó a soltarme, poco a poco, jam a jam, y a atreverme iniciar dinámicas de danza y juego de contacto corporal incluso con aquellas personas que percibía como más experimentadas. En resumen, del Contact Improvisación me atrajo la libertad que sentía al bailarlo.
También me fascinó la invitación a escuchar mi cuerpo y a otros cuerpos para entrar en dinámicas de contacto piel a piel, músculo a músculo, hueso a hueso. Al menos para mí, este fue un descubrimiento precioso. Además, para hacerlo, no necesitaba contar con una destreza física especial. Cuando empecé a bailar contact rozaba la cincuentena y aunque llevaba más de 20 años bailando, nunca me distinguí por tener un cuerpo flexible o especialmente dotado para la danza. Segundo elemento a su favor: la accesibilidad. O, dicho de otro modo, en el contact ‘Todos los cuerpos bailan’.
Otra cuestión que me interesó fue la posibilidad de abrirme a la improvisación. No creo que me equivoque mucho si afirmo que en la sociedad en la que vivimos hay una obsesión por el control y la planificación. Quizás en esta tendencia generalizada influya el uso masivo de las aplicaciones y de las herramientas online. Nos cuesta enfrentarnos con situaciones en las que estamos expuestas/os a perder el control. Esta barrera se derriba entregándose al arte de no-saber, de aceptar lo que venga como lo mejor que puede suceder.
La improvisación, también en la danza, se nos muestra como una puerta abierta a transitar por situaciones desconocidas, inesperadas que se escapan al control de la cabeza, de la razón. Siendo, además, la Danza Contact Improvisación una disciplina en la que prima la escucha, la seguridad física y el respeto a los límites que quiera marcar cada persona que lo practica, entregarse a la improvisación en el movimiento lo siento como un regalo, como una oportunidad llena de atractivos. No hay peligros a la vista, pero sí experiencias nuevas y en su mayor parte retadoras en todos los sentidos. Una maravilla.
Y podría seguir con otros muchos argumentos. Pero, para no cansarte, te recomiendo que leas mi libro ‘Todos los cuerpos bailan: viaje por la Danza Contact Improvisación’. Allí encontrarás relatada las experiencias de alguien que lleva casi 15 años bailando Contact Improvisación y espera seguir haciéndolo durante mucho tiempo más. Este libro, en su versión de papel, está disponible en Amazon a un precio de 16€.
Foto: Alain Elorza.

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