Nadie que no haya pisado alguna vez una jam de Contact Improvisación se atrevería a afirmar como lo hago yo en el libro que escribí, que “Todos los cuerpos bailan”. Mucho más cuando nos han enseñado desde que éramos pequeños que la danza es una experiencia corporal que exige de capacidad, conocimientos, reglas y excelencia.
La primera vez que me acerqué al contact me sorprendió la apertura y ausencia de requisitos previos para empezar a bailar. No pasaba como en la danza contemporánea, los bailes latinos o, por citar el extremo del “apartheid corporal”, la danza clásica.
Para quienes, como yo, nos hemos aventurado a experimentar por primera vez y sin referencias previas ese territorio maravilloso que conocemos como jam de CI, choca poder iniciarte, de un modo fácil e instantáneo, sin haber recibido ni una sola clase, sin que nadie te enseñe qué es lo que hay que hacer o lo que no. Simplemente, un mero ejercicio de observación y escucha te abre las puertas para investigar qué es eso de moverte por un espacio bailable junto a otros cuerpos entregándote al contacto de piel-músculos-estructura ósea, desde el intercambio del peso, jugando con la ley de la gravedad.
Hay seres más abiertos a integrar la dimensión cuerpo-movimiento y conectarla con la mente. En esta categorización no importa que se pese mucho o poco, la altura, la flexibilidad o rigidez, la agilidad o la torpeza. Para algunos seres que podemos calificar de “kinestésicos”, el movimiento surge espontáneamente y se desarrolla entre los límites de la propia danza. Por el contrario, hay personas atléticas, flexibles y enérgicas que no sienten la llamada del movimiento danzado.
No obstante, en ellas como en el resto, bailar no se muestra como una práctica limitada por unas condiciones físicas sino por la voluntad de hacerlo. Y es aquí donde el Contact Improvisación se muestra como una experiencia abierta a cualquier persona que quiera demostrar mi tesis en la que afirmo que “Todos los cuerpos bailan”.
Para la maestra Cristiane Boullosa “Todas las personas tenemos una tendencia kinestésica que nos lleva al movimiento. Es decir, todas nacemos con la capacidad de transformar nuestro movimiento en arte. Y este hecho es independiente de si queremos ser artistas o no. Que se haga presente y visible esta potencialidad y se transforme en danza, depende en gran medida de la persona que la esté facilitando. Conseguirlo, se ha convertido en uno de los objetivos de mi trayectoria como enseñante”, explica Cristiane.
* Este texto se inspira en el libro ‘Todos los cuerpos bailan: Viaje por la Danza Contact Improvisación’.
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