Icono del sitio Todos los cuerpos bailan

Contact Impro: la danza desnuda de palabras

Sobran las palabras

La comunidad contactera tiene la tendencia a idealizar lo que sucede en una jam. Fantaseamos a menudo con lo que sucede en ese espacio en el que el tiempo se transforma para adquirir un sentido más elástico y en ocasiones irreal; ese lugar donde las personas acuden desnudas de palabras para comunicarse a través de su cuerpo, de su piel, de sus miedos. Porque este abandono voluntario de la capacidad de hablar encuentra en la escucha del cuerpo un nuevo foco de atención. Además, allí se da una circunstancia que aumenta el interés y la novedad que adquiere esta disciplina si se la compara con otras similares de danza.

En una jam comenzamos a bailar sin que existan presentaciones previas. Los cuerpos hablan por sí solos y me toca recurrir a la percepción sensorial y a la comunicación no verbal como canales de interlocución en la búsqueda de información, emociones y respuestas. Este código primario, a menudo conectado con nuestro origen animal, resulta desconocido para la mayoría. Muchas veces he mantenido una danza larga e intensa con una pareja de la que apenas tenía información o referencias. Sueles bailar con gente de quien no sabes ni su nombre, su nacionalidad e incluso el idioma en el que habla. En ese lapso de tiempo que hemos compartido han sido los cuerpos los que se han expresado en su propia lengua. Y lo más sorprendente es que mientras mantenemos esa danza común conoces a tu compañero o compañera mucho mejor que si hubieras pasado días conversando y compartiendo experiencias y confidencias.

El CI te demuestra la potencialidad que albergamos en nuestro interior para generar sintonía o desencuentro en un acto tan sencillo como el de moverse en contacto con la piel, con los músculos, con los huesos. No me canso de observar con curiosidad en cada jam el mecanismo, que a veces podría calificarse de ‘mágico’, que me permite conectar corporalmente, de un modo rápido y sencillo, con personas a las que no conozco en profundidad o a quienes no me unen lazos de amistad o cercanía. En este tête à tête íntimo, de poco o de nada sirve la impostura o el personaje que trate de proyectar. Allí siento que penetramos en una zona de relación donde la expresión ‘el cuerpo no miente’ se muestra más real y sincera.

Una vez finalizada la danza, entre quienes hemos disfrutado de la jam surge frecuentemente una necesidad urgente de traducir la experiencia vivida a palabras. Tal vez porque, cuando el silencio que prima durante la sesión toca a su fin, urge establecer un intercambio de pareceres con el que interpretar y entender lo sentido, lo experimentado. Y no es habitual.

En contadas ocasiones, al final de las jams a las que he asistido se abren momentos para la puesta en común. A este instante se le conoce como el ‘círculo de cierre’. Ahondar sobre ciertos aspectos de la praxis que te han impactado se convierte en una magnífica excusa para entablar conversación. Esta realidad conecta con el modo en que, en los primeros tiempos del contact, había hambre por compartir y contrastar los avances logrados. Recuerdo la grave e inconfundible voz de Steve Paxton, en videos grabados en los setenta y ochenta, relatando sus reflexiones y hallazgos. Aquel testimonio originario queda como un vestigio de un pasado ya olvidado por la mayoría de la comunidad CI.

Si quieres profundizar en esta práctica, te recomiendo que leas el libro ‘Todos los cuerpos bailan: viaje por la Danza Contact Improvisación’.

Puedes conseguirlo aquí:

Salir de la versión móvil